Tratado sobre la vieja de metro

Día 2,038, 10:13 Publicado en Chile Chile por Don Nicanor


Queridos lectores:

Hoy, después de que varias señoras de distintos tamaños, formas y proporciones frotaran sus humanidades en contra de mi frágil abrigo de piel humana al interior de un vagón de metro, quiero hacer público mi Tratado sobre la vieja de metro.

Mucho de lo que escribiré ya se ha dicho anteriormente, sin embargo, quiero compartir una lectura personal, antropológica y paleontológica, acerca de aquellos seres que hacen temblar las calles de nuestras ciudades.

Antes de comenzar es preciso señalar que La vieja de metro es una idea, un concepto teórico en el mejor de los casos. La vieja de metro puede viajar en bus, carreta, tren, taxi o cualquier otro tipo de transporte público (salvo el avión).

Del mismo modo, La vieja de metro no responde solamente a un perfil que se da en nuestro país. La vieja de metro ha sabido reproducirse en los lugares más inhóspitos de nuestro planeta, siendo considerada “plaga” en algunas naciones de Asia Oriental.

Sin más preámbulos, y con el gentil auspicio del PLS, Don Nicanor presenta:

TRATADO SOBRE LA VIEJA DE METRO

1. La vieja de metro puede tener 15, 30, 50 o 70 años. La actitud con la que se desenvuelve fuera de su hábitat le otorga dicha calidad, más allá de pertenecer a un rango etario bien definido.



2. La vieja de metro no distingue entre niños, ancianos, jóvenes y discapacitados a la hora de pedir el asiento, ya sea en un vagón del tren subterráneo o en un bus (urbano o interprovincial).



3. En muy pocas ocasiones y en circunstancias bien definidas La vieja de metro puede ser un hombre.



4. La vieja de metro porta bolsas de reconocidas multitiendas y supermercados, las que esgrime con incesante maestría al momento de distinguir su presa.



5. La vieja de metro posee un timbre de voz que la caracteriza entre las demás especies que viajan al interior del transporte público. Esto las ayuda a agruparse y derrotar a sus enemigos que viajan sentados esperando encontrarse con ellas.



6. La vieja de metro, sobre todo en Sudamérica, rara vez mide más de un metro.



7. La vieja de metro ha sido catalogada de distintas maneras alrededor del mundo. En Chile, por ejemplo, se les nombra de acuerdo a diferentes nombres de dinosaurios. Por ejemplo, la “vieja velociraptor” es aquella que corre a altas velocidades para alcanzar un asiento en el bus o vagón del tren. La “vieja brontosaurio” es aquella que agita indiscriminadamente su torso y extremidades dentro de un bus repleto de gente. Por último, la “vieja pterodáctilo” es aquella que aparenta estar empollando un huevo, dándole tal importancia a su labor que no se levanta del asiento aunque una embarazada de trillizos se lo pida.



8. La vieja de metro acecha a su presa ubicando sus bolsas encima y emitiendo sonidos que aparentan ser suspiros, pero que en realidad son una amenaza supersónica para cada uno de los viajeros.



9. La vieja de metro va en tren, no va en avión. Charly García viaja tranquilo.



10. La vieja de metro, sobre todo en la ciudad de Santiago de Chile, espera el ascensor para subir y bajar hacia el andén del metro. Si una persona en silla de ruedas osara emplear dicho servicio para facilitar su viaje, La vieja de metro no dudará en empujar y, en el mejor de los casos, gruñir y poner sus treinta bolsas encima del discapacitado.



11. La vieja de metro, sobre todo la de la especie “vieja velociraptor” (descrita en el punto número 7), porta en las articulaciones de sus extremidades superiores un arma de grueso calibre: codos filosos y puntudos que parten costillas y provocan sangramiento interno.



12. La vieja de metro puede recorrer distancias enormes al interior del mall. Sin embargo, al momento de salir de aquel templo del capitalismo de libre mercado desregulado sufre lo que se denomina “ataraxia negativa”, o una irrefrenable necesidad de compartir su neurosis con el resto de la población que viaja, cómoda o incómoda, en el transporte público.



Por todos estos motivos lo único que nació dentro de mí, al momento de escuchar los gritos de una vieja cuando reclamaba porque un distinguido caballero tenía puesta su cabeza debajo del pliegue entre su estómago y una de sus tetas, fue decirle con una sonrisa en la cara: ¡PLS!

Don Nicanor
Presidente del PLS